Foto: Daniel Patlán (@folkmetender), Texto: Fabricio Tomé (@fabriciots)

Cuando la taquilla ya había hecho su agosto, la noche del 10 de septiembre aún había una gran fila para comprar boletos. Eran las 11 p.m. cuando estacioné mi moto frente a la puerta. Como era de esperarse, la concurrencia parecía un campo de Gotcha salpicado de colores. Adentro, el público ya ocupaba casi la mitad del espacio, pero ya impaciente por completo.

Para ser congruentes, las barras de bebidas estaban colocadas en Stereo, una ubicada al fondo del lado izquierdo y otra casi adelante del lado derecho, lo cual permitió un buen flujo. Finalmente unas siluetas subieron al escenario y la gente soltó sus gritos contenidos. El warm up corrió a cargo de Thieves Like Us, quienes fueron atracados por el ingeniero de sonido, pero como dice el dicho: “Ladrón que roba a ladrón…”, así que perdonamos los problemas técnicos y al final nos robaron varios aplausos.

En el intermedio, el lugar terminó de llenarse. La gente ya había calentado músculos, tobillos, garganta y, estaba lista para una sesión alternativa de terapia psicológica y en algunos casos psicotrópica. Brezel fue el primero en subir al escenario y aunque a oscuras, su fleco y gorra lo delataron, arrancando los primeros gritos que comenzaron a contagiar a todos los presentes. Momentos después, apareció Françoise y los gritos ya eran oficialmente una epidemia.

Arrancaron el show sin saliva, así como va, con su sonido crudo cual sushi. El público los quiere y se les entregó sin la mayor resistencia desde un inicio. Aunque a momentos (una vez más gracias al ingeniero de sonido) sonaban a Stereo Parcial, los fans eran guiados por el frenetismo de Brezel, quien como perro chihuahua engentado brincaba de un lado a otro, haciendo que el show también entrara por los ojos.

Este duo franco-alemán en realidad hizo ruido como toda una orquesta y, pareciera que antes de salir al escenario cada uno bebió 17 latas de Redbull. Con una energía envidiable, regresaron a México para lamernos los oídos una vez más. Ahora con temas de su más reciente álbum Baby Ouh, pero sin dejar guardados en el iPod los temas como: “J’aime L’Amour À Trois”, “I Love You Ono”, “La Musique Automatique”, “I’m Naked”, “Do The Bambi” y “Hollyday” que les han dado un éxito total. También hicieron homenaje a otros artistas con los temas: “No Controles”, “I Wanna Be A Mama”, entre otros.

Extrañamos “Cosmonaute”, que seguramente andaba descubriendo otros planetas, “Comme un Garcon”, y “Tokyo, Mon Amour”. Pero de cualquier manera, “tanto” nos hubiera hecho daño. Después de un buen rato de cantar en varios idiomas y moods, al final, el stage se convirtió en una escena digna de una alberca de Oaxtepec en Semana Santa, en la que la seguridad del lugar tuvo que intervenir tranquilamente para despejar un poco la nube de humanos. Se despidieron muchas veces (como amantes en ebullición que no quieren que termine) y se echaron la versión: “no tengo prisa” de “Everybody in the discotheque”. Minutos después “Everybody On The Streets”, que parecía La Batalla de Puebla, a propósito de las fiestas.