A pocas semanas de la muerte de Ozzy Osbourne, Roger Waters encendió la controversia con fuertes declaraciones sobre el fallecido ícono del heavy metal.
El exbajista de Pink Floyd lo acusó de haber aportado “cientos de años de idiotez y tonterías” a la cultura, lo que provocó la furiosa respuesta de Jack Osbourne, hijo del músico.
“No me importa Black Sabbath”
En una entrevista para el pódcast Independent Ink,Waters habló de cómo las celebridades pueden servir como distracción frente a temas políticos relevantes. En tono sarcástico, mencionó nombres como Taylor Swift y Kim Kardashian, antes de apuntar directamente a Osbourne:
“Ozzy Osbourne, que acaba de fallecer, que en paz descanse… estuvo en la televisión durante cientos de años con sus tonterías y disparates”.
El músico británico no se limitó a criticar su faceta mediática, sino que también atacó su obra artística:
“La música, no tengo ni idea, me importa una m*erda. No me importa Black Sabbath, nunca me importó”.
Incluso ironizó sobre el famoso incidente en el que Osbourne arrancó de un mordisco la cabeza de un murciélago:
“Dios mío, eso es aún peor, ¿no? No sé, ¿es peor arrancarle la cabeza a un murciélago o a un pollo?”.
Jack Osbourne contraataca
La familia Osbourne no dejó pasar las palabras de Waters. Jack respondió en Instagram con un mensaje contundente:
“Hola, Roger Waters, que te jodan. Qué patético y desconectado de la realidad te has vuelto. Parece que la única forma de llamar la atención últimamente es vomitando m*erda en la prensa. Mi padre siempre pensó que eras un idiota, gracias por demostrar que tenía razón”.
La defensa del legado de Ozzy
No es la primera vez que los hijos de Osbourne reaccionan ante ataques públicos. Semanas atrás, Kelly Osbourne arremetió contra la luchadora Becky Lynch después de que insultara a Birmingham, ciudad natal del cantante.
Las recientes declaraciones de Waters reabren el debate en torno a la figura de Ozzy Osbourne.
Para unos, es un pionero del heavy metal y un personaje único en la historia del rock; para otros, como el exintegrante de Pink Floyd, su carrera es sinónimo de excesos y banalidad. Lo cierto es que, incluso tras su partida, el “Príncipe de las Tinieblas” sigue despertando pasiones encontradas.