Noel Gallagher, figura central en la historia de Oasis y conocido por su confianza en el legado de la banda, no tiene reparos en expresar opiniones impopulares sobre su propio trabajo.

Aunque ha declarado en numerosas ocasiones que forma parte de “la mejor banda del mundo”, el paso del tiempo ha suavizado su entusiasmo hacia ciertos álbumes clave del grupo británico.

Entre ellos, uno en particular le causa especial incomodidad: What’s the Story Morning Glory?

Un clásico… que no soporta oír

A pesar de ser el disco que consolidó a Oasis como una de las bandas más influyentes del britpop, Gallagher no oculta su disgusto por la forma en que suena. En una entrevista con NME, confesó:

“Odio el sonido de ese disco. Tiene todo ese crujido”.

A su juicio, la producción de Morning Glory no estuvo a la altura de su potencial, y considera que podría haber sido mucho más impactante si hubiera tenido una mezcla más pulida.

Esta opinión resulta llamativa considerando que el álbum incluye algunos de los himnos más reconocibles del rock de los noventa, como “Wonderwall”, “Don’t Look Back in Anger” y “Champagne Supernova”.

Aunque el propio Gallagher reconoce que ese “crujido” da cierta textura a algunas canciones, para él sigue siendo un defecto que empaña la experiencia auditiva general.

El contraste con otros discos

A lo largo de los años, Noel ha sido muy abierto sobre su evaluación del catálogo de Oasis.

Su juicio sobre Be Here Now, el tercer álbum de la banda, también ha sido severo, citando el abuso de drogas como un factor que afectó negativamente el resultado.

Sin embargo, es Morning Glory el que más le incomoda escuchar, en parte porque fue el álbum que los lanzó al estrellato global.

Por el contrario, Noel considera que Definitely Maybe, el debut de la banda, sigue siendo su obra más lograda.

Aprecia su energía cruda, su estética punk y su sonido más directo. En su opinión, ese álbum representa la esencia más pura de Oasis, con temas como “Supersonic” y “Rock ‘n’ Roll Star” mostrando al grupo en su forma más auténtica.

A pesar de estas críticas, Gallagher reconoce que ningún álbum es perfecto.

“Si hicieras el disco más perfecto del mundo y lo aceptaras como tal, ¿qué sentido tendría seguir?”, reflexiona.