En una banda como Metallica, donde la intensidad y la destreza musical han sido claves para definir el sonido del metal moderno, uno podría pensar que todos sus miembros han sido admirados entre sí por su talento.
Pero James Hetfield, vocalista y guitarrista rítmico de la banda, ha sido sorprendentemente honesto al hablar sobre uno de sus compañeros que, en lo estrictamente musical, nunca llegó a impresionarlo: Lars Ulrich.

Más actitud que habilidad
Aunque Hetfield y Ulrich fundaron Metallica juntos y han sido socios inseparables durante más de cuatro décadas, Hetfield ha reconocido que el talento técnico del baterista nunca fue su mayor virtud.
“Sabes, su forma de tocar la batería no era increíble, pero tenía ese empuje. Juntarme con Lars fue increíble, y nos compenetramos mucho en la música y también en la bebida”, confesó vía Far Out.
Desde los primeros días del grupo, Ulrich fue más el motor conceptual que el prodigio técnico.
De hecho, el exbajista Ron McGovney recuerda que, cuando escuchó a Lars tocar por primera vez, su desempeño era tan torpe que parecía estar detrás de la batería por primera vez.
“La mayoría de los platos se caían”, comentó, describiendo una escena que dista mucho del nivel esperado de un baterista profesional.

El arquitecto del sonido, no el virtuoso
A pesar de su ejecución a menudo cuestionada —incluso por los fans más fieles—, Ulrich ha sido el encargado de marcar el camino creativo de la banda.
Aunque no compone riffs ni letras, ha sido esencial en estructurar canciones y pensar en el sonido general de Metallica.
Hetfield lo describe casi como un arquitecto: alguien que, sin saber levantar cada muro, sabe perfectamente cómo debe lucir la casa terminada.
Con los años, Ulrich ha mejorado técnicamente, pero su importancia dentro de la banda siempre ha ido más allá del redoblante o los bombos. Fue su visión y su empeño lo que ayudó a llevar a Metallica del underground al estrellato mundial.
En definitiva, puede que Lars Ulrich no haya deslumbrado jamás a Hetfield por su forma de tocar, pero sí lo conquistó con su pasión, su visión, y su inquebrantable determinación de hacer historia. Y lo logró.
