La música sin título
| Noviembre 22, 2009 |

Por: Andrea Gutiérrez
Como droga, penetra lentamente en mis sentidos, siento como fluye por mis venas, corre dentro de mi sangre, despierta mis emociones, me transporta a lugares inigualables, me remonta a recuerdos que creía inexistentes, recuerdos borrados de mi memoria, sacude mi cuerpo con un ritmo exquisito llenándome de esa magia que sólo ella puede crear, canto de sirenas escuchan mis oídos y empiezo a viajar por esos mares de delicias, de vivencias, de dolor, de alegría.
Tantos sentimientos puede despertar en mí. Empiezo a crear y a creer que esta realidad sólo es un sueño de mi mente perturbada, que sólo es mi realidad. Mi pulso comienza a tomar un mayor ritmo, mayor fuerza. Sus notas empiezan a bailar con mis manos, mi cuerpo empieza a danzar, movimientos que no conocía toman posesión de mi mente, de mí, y juntos empezamos a bailar ese son, ese que cruza las fronteras del tiempo y del espacio. Bailamos con muertos vivientes, con almas que recordamos al escuchar su canto frenético y excitante, ese que te eriza la piel y tranquiliza tu alma y que nos cuenta el lamento de su alma, su alegría, su agonía, su dolor, ese que hace renacer las lágrimas en nuestras mejillas sintiendo aún cómo resbalan sobre la piel.
Es creadora de magia, la droga de un ser que te traslada al infinito, al espacio donde puedes alcanzar las estrellas con un solo dedo y quemarte con el calor del sol, sentir esas notas dentro de ti como si tú fueras ellas, como si tú fueras el instrumento creador de esa mágica composición. Vibras dentro de ella y con ella. La haces más fuerte o la destrozas en un solo segundo. Logras lo que tu imaginación desea. Logras ser el sueño mas retorcido de tu mente; ese mar inmenso de posibilidades que se expande frente a tus ojos donde las cosas mas irreverentes pueden ocurrir, donde el pez más pequeño come al mayor, donde tú eres la verdad que escupes por la boca y buscas un espacio dentro del cosmos. Creas, imaginas, sueñas y alcanzas las cosas que quieres alcanzar.
Eres grande, fuerte, veloz, frío y todo depende de la voz con la que cantes ese son. Te pudres dentro de ese caparazón o sales y rompes los miedos. La música te impulsa y tú a ella. Infinita variedad de ritmos, melodías, infinita variedad de recuerdos del alma. Constante lucha por aquí y por allá. Los motivos son muchos y todo te conlleva a una razón y a un sentido, no más y no menos, nada con nadie. Es dulzura, traición, ritmos cavernosos, sinfonías llenas de frenesí, movimientos incitantes al deseo, a danzar la danza del amor…















































mueve recuerdo.. crea momentos -… libera emociones…
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Me hace libre es todo
Agh…